DĆa Mundial de la Actividad FĆsica: las sociedades activas no se improvisan
- Consejo COLEF
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DĆA MUNDIAL DE LA ACTIVIDAD FĆSICA: LAS SOCIEDADES ACTIVAS NO SE IMPROVISAN, SE CONSTRUYEN
Con motivo del DĆa Mundial de la Actividad FĆsica, el Consejo COLEF reflexiona sobre cómo construir sociedades mĆ”s activas. MĆ”s allĆ” del debate abierto sobre la interpretación de los datos de prĆ”ctica deportiva en EspaƱa, la evidencia cientĆfica internacional muestra que la inactividad fĆsica sigue siendo un reto global pese a dĆ©cadas de polĆticas pĆŗblicas. Promover la actividad fĆsica no depende solo de decisiones individuales, sino de entornos, servicios y oportunidades de prĆ”ctica accesibles. Para hacerlo posible, las administraciones necesitan polĆticas pĆŗblicas especializadas y dirección tĆ©cnica cualificada capaz de coordinar servicios deportivos, centros educativos, estructuras sanitarias y otros sistemas del territorio.
Cada 6 de abrilĀ se celebra el DĆa Mundial de la Actividad FĆsica, una fecha que invita a recordar algo que, en realidad, ya sabemos: mantenerse activo mejora la salud, el bienestar y la calidad de vida. La actividad fĆsica regular contribuye a prevenir enfermedades crónicas, mejora la salud mental, refuerza la capacidad funcional y ayuda a envejecer en mejores condiciones.
Pero esta efemĆ©ride no deberĆa limitarse a repetir mensajes bienintencionados sobre la conveniencia de āmoverse mĆ”sā. TambiĆ©n deberĆa servir para plantear una pregunta mucho mĆ”s importante: si nuestras ciudades, nuestros servicios y nuestras polĆticas pĆŗblicas estĆ”n realmente organizados para que la población pueda mantenerse activa.
Ese es, probablemente, el verdadero debate.
ĀæSOMOS REALMENTE UNA SOCIEDAD ACTIVA?
A comienzos de este aƱo se publicaron los resultados de la nueva Encuesta de HĆ”bitos Deportivos en EspaƱa, que proyectan una imagen muy positiva de la prĆ”ctica deportiva y de los niveles de actividad fĆsica de la población. La lectura apresurada de esos datos puede conducir a una conclusión cómoda: que EspaƱa estarĆa avanzando con solvencia hacia un escenario ampliamente activo y que, en consecuencia, el problema de la inactividad fĆsica serĆa hoy menor de lo que parecĆa hace unos aƱos.
Sin embargo, desde el Ć”mbito profesional y acadĆ©mico se han formulado objeciones serias a esa lectura. El artĆculo difundido por el Consejo COLEFĀ a partir del trabajo de VĆctor JimĆ©nez DĆaz-BenitoĀ advierte de que los cambios metodológicos introducidos en las encuestas oficiales pueden comprometer la comparabilidad histórica y ofrecer una imagen mĆ”s optimista de la evolución real de la prĆ”ctica deportiva en EspaƱa. La cuestión de fondo no es menor: si cambia la forma de medir, tambiĆ©n puede cambiar la realidad que creemos estar describiendo.
Este debate no es una discusión tĆ©cnica irrelevante ni una disputa acadĆ©mica para especialistas. Afecta directamente a la manera en que se interpretan las necesidades de la población y, por tanto, a cómo se diseƱan las polĆticas pĆŗblicas. Porque cuando el diagnóstico resulta excesivamente complaciente, el riesgo no es solo estadĆstico: es polĆtico. Se pueden infraestimar problemas reales, relajar prioridades y dar por suficientemente atendida una necesidad que quizĆ” todavĆa estĆ” lejos de estarlo.
EL PROBLEMA NO ES SOLO ESPAĆOL: TAMBIĆN ES GLOBAL
AdemĆ”s, aunque se aceptara sin reservas la lectura optimista de determinados datos nacionales, el problema de fondo seguirĆa ahĆ. La evidencia internacional muestra que la inactividad fĆsica continĆŗa siendo uno de los grandes retos de salud pĆŗblica del siglo XXI.
Un reciente anĆ”lisis global publicado en Nature HealthĀ llega a una conclusión especialmente reveladora: pese a dos dĆ©cadas de avances en polĆticas, planes e iniciativas institucionales relacionadas con la actividad fĆsica, los niveles globales de actividad fĆsica siguen siendo bajos y se han mantenido estancados. El estudio constata progresos en la adopción formal de polĆticas, pero encuentra una implementación limitada y seƱala varios problemas de fondo: el predominio de enfoques excesivamente centrados en salud, la escasa atención a beneficios mĆ”s amplios, la falta de liderazgo multisectorial claro y la debilidad de las alianzas entre sectores.
La aportación mĆ”s valiosa de este trabajo no es solo describir que el problema persiste, sino explicar por quĆ© persiste. Muchas polĆticas existen sobre el papel, pero no transforman de forma efectiva las condiciones de vida de la población. Y eso ocurre, entre otras razones, porque la actividad fĆsica sigue tratĆ”ndose con frecuencia como una cuestión secundaria, algo deseable pero no urgente, una especie de ābien aƱadidoā en lugar de una necesidad estructural. El propio artĆculo recoge esa idea al seƱalar que, para muchas personas con capacidad de decisión, la actividad fĆsica sigue viĆ©ndose como algo ānice to have, but not a need to haveā, es decir, como algo conveniente, pero no prioritario.
MĆS ALLĆ DEL āMUĆVETE MĆSā

Durante aƱos, buena parte del discurso pĆŗblico sobre actividad fĆsica ha descansado sobre una idea simplificadora: que el problema principal es que la gente no quiere moverse lo suficiente. Desde esa lógica, la solución parecerĆa consistir en campaƱas de sensibilización, mensajes motivacionales o recomendaciones individuales.
Sin embargo, la investigación internacional muestra que ese enfoque es insuficiente. La actividad fĆsica no depende Ćŗnicamente de decisiones personales, sino de las oportunidades reales que el entorno ofrece para que esas decisiones puedan traducirse en prĆ”cticas sostenidas. No basta con decirle a alguien que camine mĆ”s si vive en un entorno inseguro o mal conectado. No basta con animar a una familia a que practique deporte si no existen servicios accesibles, programas adecuados o instalaciones disponibles. No basta con recordar a la infancia y la adolescencia la importancia del movimiento si los centros educativos del municipio, los espacios pĆŗblicos y los servicios deportivos no actĆŗan de forma coordinada.
El propio anĆ”lisis global (RamĆrez Varela et al., 2026) subraya que las polĆticas mĆ”s eficaces no son las que descansan en exhortaciones abstractas, sino las que generan entornos, sistemas y estructuras que hacen que la opción activa sea posible, fĆ”cil, segura y sostenible. Esto incluye transporte, urbanismo, parques y recreación, educación, salud y otras Ć”reas que a menudo no se reconocen a sĆ mismas como corresponsables de la promoción de la actividad fĆsica.
Por tanto, el problema no puede formularse solo en tƩrminos de voluntad individual.
LAS SOCIEDADES ACTIVAS NO SE IMPROVISAN, SE CONSTRUYEN.
QUĆ PUEDEN HACER REALMENTE LAS POLĆTICAS PĆBLICAS
Si el diagnóstico se toma en serio, la conclusión es clara: promover la actividad fĆsica no consiste solo en aprobar declaraciones institucionales ni en lanzar mensajes de concienciación. Requiere polĆticas pĆŗblicas capaces de modificar de forma efectiva las condiciones que facilitan o dificultan la prĆ”ctica fĆsico-deportiva y la incorporación del movimiento a la vida cotidiana.
Y aquĆ el nivel local resulta decisivo. Es en el municipio donde confluyen muchos de los factores que determinan los hĆ”bitos de actividad fĆsica de la población: el diseƱo urbano, la movilidad, los espacios pĆŗblicos, los centros educativos, las estructuras sanitarias, los servicios sociales, las instalaciones deportivas y los programas comunitarios. Cuando estos elementos funcionan de forma aislada, la promoción de la actividad fĆsica se debilita. Cuando se articulan con sentido, pueden generar un ecosistema mucho mĆ”s favorable.
Desde lo pĆŗblico se puede actuar, por ejemplo, mejorando las condiciones urbanas que facilitan desplazamientos activos, conectando polĆticas de movilidad con criterios de salud, colaborando con los centros educativos del municipioĀ para favorecer hĆ”bitos activos desde edades tempranas, coordinando con las estructuras sanitarias localesĀ actuaciones vinculadas a la promoción de la actividad fĆsica y articulando respuestas desde los servicios socialesĀ para reducir barreras de acceso en colectivos con mayores dificultades.
Dentro de ese conjunto de actuaciones, tambiĆ©n ocupan un lugar importante los servicios deportivosĀ y las instalaciones deportivas, que deben dejar de entenderse Ćŗnicamente como espacios de gestión de oferta o de explotación de infraestructuras. Desde la perspectiva pĆŗblica, su función no puede limitarse a administrar āpiedraā, tramitar ayudas o programar actividades de manera aislada. Deben concebirse como instrumentos al servicio de una polĆtica mĆ”s amplia: hacer accesible la prĆ”ctica fĆsico-deportiva y facilitar que mĆ”s personas puedan incorporarla a su vida.
Esa lógica pública no se opone a la existencia ni al papel del sector privado. Pero sà introduce una perspectiva diferente: mientras el mercado responde principalmente a la demanda existente, la acción pública debe preocuparse también por quienes no acceden, por las barreras económicas, territoriales, sociales o de edad, y por la necesidad de conectar servicios, sistemas y oportunidades en favor del interés general.
LA DIRECCIĆN TĆCNICA COMO CONDICIĆN PARA QUE LAS POLĆTICAS SEAN REALES

Y aquĆ aparece una cuestión central que con demasiada frecuencia se minusvalora: todo eso no sucede solo. No basta con que una administración quiera promover la actividad fĆsica. No basta con que existan instalaciones, presupuestos o subvenciones. Para que las polĆticas pĆŗblicas de promoción de la actividad fĆsica sean coherentes, eficaces y sostenidas, es imprescindible contar con dirección tĆ©cnica especializada.
La dirección tĆ©cnica no es simple gerencia, ni gestión administrativa, ni mera coordinación burocrĆ”tica. No consiste en cuadrar presupuestos, gestionar contratos o administrar infraestructuras. Su función es otra: diseƱar, orientar, coordinar y evaluar polĆticas, programas y servicios desde criterios tĆ©cnico-cientĆficos, con capacidad para leer las necesidades de la población, identificar barreras de acceso, articular recursos del territorio y conectar distintos sistemas pĆŗblicos en una misma estrategia de promoción de la actividad fĆsica y del deporte.
Esa dirección técnica puede ejercerse en varios planos. En el nivel mÔs concreto, orientando los servicios e instalaciones deportivas del municipio para que funcionen con criterios de accesibilidad, adecuación y promoción real de la prÔctica. En un plano transversal, actuando como pieza de enlace entre distintas Ôreas municipales, conectando deporte con urbanismo, movilidad, estructuras sanitarias, centros educativos y servicios sociales. Y en escalas mÔs amplias, participando en el diseño de programas y redes supramunicipales desde estructuras mancomunadas, provinciales o autonómicas.
Dicho de otro modo: si queremos polĆticas pĆŗblicas que promuevan de verdad la actividad fĆsica, necesitamos una actividad profesional reconocida, reconocible y capaz de convertir objetivos generales en estrategias operativas. Sin esa dirección especializada, el riesgo es terminar reduciendo la polĆtica deportiva a administración de instalaciones, gestión económica o reparto de subvenciones, cuando en realidad lo que se necesita es planificación pĆŗblica especializada para promover prĆ”ctica fĆsico-deportiva accesible y entornos que favorezcan la actividad fĆsica.
En este sentido, el propio Consejo COLEF ya ha subrayado esta idea en su informe Ā«Dirección TĆ©cnica Deportiva: una cuestión de salud y seguridad, no solo de gestiónĀ», donde se defiende precisamente que esta actividad no debe confundirse ni reducirse a una lógica administrativa, sino entenderse en relación con la calidad, la seguridad y la orientación tĆ©cnica de los servicios y polĆticas deportivas.
HACER POSIBLES POLĆTICAS PĆBLICAS ESPECIALIZADAS

Todo ello exige perfiles profesionales preparados para asumir esa responsabilidad. En EspaƱa, las educadoras y educadores fĆsico deportivos, profesionales con titulación universitaria en Ciencias de la Actividad FĆsica y del Deporte, constituyen el perfil mĆ”s especializado para ejercer esta actividad profesional de dirección tĆ©cnica vinculada a la promoción de la prĆ”ctica fĆsico-deportiva y al diseƱo de programas basados en conocimiento tĆ©cnico-cientĆfico.
No se trata aquĆ de una reivindicación corporativa desligada del interĆ©s general, sino de una exigencia de coherencia con el propio objetivo que se pretende alcanzar. Si el problema es complejo, multisectorial y requiere intervenciones especializadas, la respuesta pĆŗblica no puede descansar en improvisaciones ni en funciones desdibujadas. Debe apoyarse en perfiles con un conocimiento profundo y especializado sobre todas las aristas de la prĆ”ctica fĆsico-deportiva.
En definitiva, hacer posible una polĆtica pĆŗblica seria de promoción de la actividad fĆsica implica hacer posible tambiĆ©n la dirección tĆ©cnica que la sostenga.
CONSTRUIR SOCIEDADES MĆS ACTIVAS

El DĆa Mundial de la Actividad FĆsicaĀ deberĆa servir, por tanto, para algo mĆ”s que para recordar a la ciudadanĆa que conviene moverse. DeberĆa servir para preguntarnos si estamos creando las condiciones necesarias para que moverse sea realmente posible, accesible y sostenible para toda la población.
Ese es el punto en el que convergen tanto el debate abierto en EspaƱa sobre la interpretación de los datos como la evidencia internacional sobre los lĆmites de las polĆticas formales que no llegan a transformar la realidad. No basta con dar por buenos los titulares. No basta con multiplicar planes si no se concretan en estructuras operativas. No basta con celebrar mejoras estadĆsticas si no van acompaƱadas de polĆticas pĆŗblicas especializadas capaces de sostenerlas en el tiempo.
Las sociedades activas no surgen por casualidad.Ā Requieren diagnóstico riguroso, polĆticas pĆŗblicas consistentes y dirección tĆ©cnica especializada que haga posible conectar servicios, entornos y sistemas en favor de una ciudadanĆa mĆ”s activa.
Ese es, probablemente, uno de los grandes retos colectivos de nuestro tiempo.
Cuantas mƔs personas estemos colegiadas, mƔs se escucharƔn nuestras voces.
Es tu responsabilidad, es tu compromiso con la profesión y la sociedad.
Si todavĆa no te has colegiado, puedes hacerlo de forma fĆ”cil y sencilla a travĆ©s de la



















