El grupo deportivo en una sociedad obsesionada con el resultado: una reflexión de Cagigal
- Consejo COLEF
- hace 1 dĆa
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EL GRUPO DEPORTIVO EN UNA SOCIEDAD OBSESIONADA CON EL RESULTADO: UNA REFLEXIĆN DE CAGIGAL QUE SIGUE INTERPELANDO
En 1966, JosĆ© MarĆa Cagigal analizó el papel del grupo deportivo en la vida social contemporĆ”nea, destacando su capacidad para canalizar la rivalidad bajo reglas compartidas y favorecer la integración. Al mismo tiempo, alertó del riesgo de que la competición se absolutizara y desplazara la centralidad de la persona. Su reflexión, formulada hace casi sesenta aƱos, invita hoy a revisar hasta quĆ© punto la cultura del rendimiento estĆ” transformando el sentido del deporte en Ć”mbitos formativos y amateurs.
En 1966, JosĆ© MarĆa Cagigal publicaba en la Revista EspaƱola de Educación FĆsicaĀ un artĆculo titulado Ā«El hombre ante la sociedad: significación de los grupos deportivosĀ». El texto no se centraba en tĆ©cnicas de entrenamiento ni en la organización de competiciones, sino en una cuestión mĆ”s profunda: quĆ© papel desempeƱan los grupos deportivos en la configuración social de la persona. En una sociedad cada vez mĆ”s industrializada y competitiva, Cagigal intuĆa que el deporte podĆa actuar como un espacio privilegiado de socialización, pero tambiĆ©n advertĆa de sus posibles desviaciones.
Su planteamiento partĆa de una convicción antropológica: la persona es inseparable de su circunstancia social. El grupo deportivo, entendido como pequeƱo nĆŗcleo de pertenencia voluntaria, tenĆa la capacidad de articular vĆnculo, normas compartidas y regulación simbólica del conflicto. La competición, lejos de ser negada, era asumida como una energĆa social inevitable que el deporte podĆa canalizar bajo reglas claras. Sin embargo, junto a esta potencialidad, el autor seƱalaba el peligro del ācampeonismoā prematuro y de la desmesura competitiva cuando el resultado desplaza al sentido educativo y relacional del deporte.
Tradicionalmente, esta advertencia se ha interpretado en clave de deporte formativo. Y ciertamente el Ômbito de base ofrece ejemplos visibles de esa tensión: selección temprana, presión ambiental, dramatización del resultado o traslado de la rivalidad a la grada. Cuando el error deja de entenderse como parte del aprendizaje y se convierte en reproche, el grupo pierde su función integradora.
Sin embargo, limitar el anĆ”lisis a la infancia serĆa insuficiente. La cultura de la competición desmedida no se circunscribe hoy al deporte escolar. Se extiende tambiĆ©n a espacios que, en principio, nacieron vinculados al ocio, la salud o la experiencia compartida. La proliferación de rankings, cronometrajes pĆŗblicos y comparativas permanentes ha transformado en ocasiones la prĆ”ctica recreativa en una carrera constante contra marcas personales y ajenas. Incluso en determinados entornos fitness, los retos intragrupo, los registros visibles y la lógica de superación permanente pueden desplazar progresivamente la dimensión lĆŗdica hacia una cultura de rendimiento continuo. El lenguaje del āretoā, del ārĆ©cordā o del ādesafĆoā se instala como horizonte casi obligatorio.
No se trata de cuestionar la motivación por mejorar ni el valor de la autoexigencia. El problema surge cuando la identidad de quien practica queda absorbida por la comparación constante, cuando el grupo deja de ser espacio de disfrute compartido y se convierte en escenario de medición permanente. La frontera entre ocio y rendimiento se difumina, y el tiempo libre adopta la misma lógica productiva que rige otros Ômbitos de la vida social.
En este sentido, la reflexión de Cagigal resulta especialmente pertinente. Su preocupación no era la existencia de la competición, sino su absolutización. El grupo deportivo podĆa ser una ātecnologĆa socialā capaz de integrar, cohesionar y equilibrar tensiones; pero si la lógica competitiva se convertĆa en principio rector, ese mismo grupo podĆa reproducir jerarquĆas y presiones ajenas a su función originaria.
La cuestión, por tanto, no es si debe haber competición, sino qué lugar ocupa en la arquitectura del sistema deportivo amateur. ¿Es un medio para enriquecer la experiencia? ¿O se convierte en criterio central de valor personal y colectivo?
En un contexto social donde la productividad, la comparación y la visibilidad atraviesan múltiples dimensiones de la vida cotidiana, el deporte no permanece ajeno. Precisamente por ello, la responsabilidad profesional adquiere mayor relevancia. Orientar, contextualizar y equilibrar la prÔctica deportiva no significa suprimir la rivalidad, sino situarla dentro de un marco pedagógico y ético coherente.
Recuperar hoy el artĆculo de 1966 permite constatar que la tensión entre lo lĆŗdico y lo competitivo no es nueva, pero sĆ adopta formas renovadas. La advertencia de Cagigal no invitaba a abandonar la competición, sino a impedir que Ć©sta desplace la centralidad de la persona y del vĆnculo social. Esa reflexión sigue interpelando a quienes participan, organizan y orientan la prĆ”ctica fĆsico-deportiva en todos los niveles.
El texto completo puede consultarse en el Archivo Histórico de la Revista EspaƱola de Educación FĆsica y Deportes, cuya lectura ofrece una oportunidad para pensar crĆticamente la cultura deportiva contemporĆ”nea y revisar el equilibrio entre rendimiento y sentido formativo.
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Puedes leer el artĆculo completo de Juan Porras Castillo
en el archivo histórico de la REEFD:Ā
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