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Día Mundial de la Salud 2021: la práctica físico-deportiva contra la COVID-19, según la ciencia



DÍA MUNDIAL DE LA SALUD 2021: LA CIENCIA ESTÁ DEMOSTRANDO LA IMPORTANCIA DE LA PRÁCTICA FÍSICO-DEPORTIVA PARA LUCHAR CONTRA LA COVID-19

#DíaMundialSalud


Gracias a las últimas evidencias científicas podemos decir que la práctica físico-deportiva es una potente herramienta para luchar contra la pandemia, y en concreto para disminuir los riesgos de hospitalización por COVID-19. En el Día Mundial de la Salud decimos alto y claro que el fomento de los servicios de educación física, actividad física y deporte por parte de las Administraciones y responsables políticos es una cuestión de salud pública. ¿Tomarán nota en sus próximas decisiones?

¿Casualidad que el Día Mundial de la Actividad Física se celebre tan próximo al de la Salud? Ayer, martes 6 de abril, recordábamos los hitos más destacados de los 12 meses anteriores que han hecho que la práctica físico-deportiva comience a reconocerse como fundamental para la salud de la población en el marco de la normativa e iniciativas parlamentarias relacionadas con la pandemia.


Hoy, Día Mundial de la Salud, recopilamos la información científica más destacada sobre ejercicio físico y COVID-19 que no deben olvidar los responsables políticos, y la cual ya parece tener cabida en los nuevos decretos de alguna Comunidad Autónoma.


En el ‘Manifiesto por la consideración como actividad esencial de la educación física, la actividad física y el deporte’ argumentamos varios de los motivos por los que la prestación de estos servicios debería protegerse y mantenerse abierta ante las restricciones debido a la situación pandémica.


La inactividad física es un problema de salud pública, que se ha agravado debido a los confinamientos y las restricciones de movilidad. Sin embargo, la prestación de servicios deportivos, siempre bajo condiciones higiénicas y preventivas adecuadas, puede ser beneficiosa para disminuir el riesgo de infección, así como la probabilidad de hospitalización por COVID-19, mientras que lo contrario podría condicionar negativamente la evolución de la pandemia. Cada vez hay más datos sobre esto último y, gracias a la reciente publicación de un estudio realizado por personal investigador español del Hospital Clínico San Carlos, las decisiones respecto a los cierres de instalaciones y actividades deportivas se están reconsiderando.


Desde el inicio de la pandemia, especialistas en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de todo el mundo han reflexionado sobre la importancia de seguir fomentando la práctica físico-deportiva, debido a la ya más que demostrada relación entre ésta y su influencia positiva en el sistema inmune (Simpson y Katsanis, 2020). Además, diferentes condiciones patológicas crónicas, cuya prevención y pronóstico se ha demostrado que mejoran con ejercicio físico (Booth, Roberts y Laye, 2012; Pedersen y Saltin, 2015), parecen tener mayor riesgo de complicaciones en el caso de enfermar por COVID-19. En concreto, en España, un estudio publicado en septiembre de 2020 indicaba que entre las características de los pacientes hospitalizados por COVID-19 se encontraban las siguientes comorbilidades: hipertensión (50,9%), dislipidemia (39,7%), obesidad (21,2%), enfermedad cardiovascular (19,9%), diabetes (19,4%), enfermedad pulmonar obstructiva (13,7%) y cáncer (10,7%) (Casas-Rojo y cols., 2020).


En octubre de 2020 Brawner y cols. aportaron la primera evidencia, más allá de hipótesis, que parecía señalar claramente que a mayor aptitud cardiorrespiratoria menor probabilidad de hospitalización por COVID-19.


En febrero de 2021 un estudio de aleatorización mendeliana realizado por los epidemiólogos Shuai Li y Xinyang Hua, en una gran muestra de 941.280 sujetos, concluyó que «la actividad física podría disminuir causalmente el riesgo de enfermedad grave por COVID-19».


Por último, y volviendo a mencionar el estudio español que está cambiando las decisiones políticas, Salgado y cols. lo publicaron el pasado mes de marzo en la revista ‘Infectious Diseases and Therapy’. El hallazgo está teniendo gran trascendencia en nuestro país, porque los investigadores señalan que aquellas personas cuyo estilo de vida no era suficientemente activo (según la Rapid Assessment of Physical Activity Scale - RAPA) tenían un riesgo de mortalidad ocho veces mayor.


Este estudio del Hospital Clínico San Carlos se realizó en una muestra de 552 pacientes, que fueron analizados en dos grupos según los resultados del RAPA. El grupo que no alcanzaba los niveles suficientes de actividad física tenía «más comorbilidades como hipertensión, insuficiencia renal, EPOC, enfermedad cerebrovascular, del tejido conectivo y enfermedad hepática». Es preciso recordar que estas comorbilidades pueden prevenirse y atenuarse con ejercicio físico (Booth, Roberts y Laye, 2012; Pedersen y Saltin, 2015).


Por otra parte, Salgado y cols. relacionan sus resultados con las adaptaciones fisiológicas al ejercicio («disminución de la ventilación minuto basal para lograr un consumo de oxígeno determinado y un aumento del consumo máximo de oxígeno durante el ejercicio»), pues comprobaron que las y los pacientes más activos tenían mayor resistencia a la hipoxemia, observando una mayor saturación de oxígeno al ingreso y una menor insuficiencia respiratoria, a pesar de una gravedad similar de neumonía en ambos grupos.


Las evidencias científicas que se han publicado van más allá de que la práctica físico-deportiva reduzca la mortalidad consecuencia de la inactividad física a corto, medio y largo plazo. Podemos decir que ésta es una potente herramienta para luchar contra la pandemia, y en concreto para disminuir los riesgos de hospitalización, es decir, de gravedad de la enfermedad por SARS-CoV-2.


Además de la capacidad preventiva de la práctica físico-deportiva con respecto a la COVID-19, no podemos olvidarnos del gran trabajo que están realizando educadoras y educadores físico deportivos, en colaboración con profesionales sanitarios, implementando programas de ejercicio físico como herramienta coadyuvante en personas que han superado dicho virus. Un ejemplo de ello es el Proyecto RECOVE (Long-COVID).


¿Tomarán nota de todo esto las Administraciones y responsables políticos? De momento, la Consejería de Sanidad de Castilla y León parece ser la primera en tener en cuenta estas evidencias, y así se manifestaba recientemente la propia consejera, Dña. Verónica Casado, sobre que los centros deportivos ya no iban a cerrarse: «hay que ser muy exigentes con los aforos, hay que ser muy exigentes con las medidas de protección en los gimnasios, pero [...] el ejercicio físico parece ser un elemento clave en la evolución de la enfermedad por coronavirus».


Esperemos que este ejemplo se extienda y no solo se limite a evitar los cierres de los servicios de práctica físico-deportiva, sino también a fomentarlos. Tenemos muchos argumentos, tenemos evidencias y, además, tenemos profesionales altamente cualificados/as.

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