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Los educadores físico deportivos tenemos un duro enemigo al que vencer y al que nos tenemos que enfr


EL CUÑADO DEL DEPORTE, EL PEOR ENEMIGO DEL EDUCADOR FÍSICO DEPORTIVO

(adaptación del artículo de José María Capitán)


En España un/a educador/a físico deportivo/a (en adelante, EFD) realiza cuatro años de estudios universitarios en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (antes cinco). En la carrera se deben superar materias tan complejas como fisiología, biomecánica, anatomía, teoría del entrenamiento, psicomotricidad y así hasta un total de cuarenta y tantas asignaturas, entre las cuales están las prácticas de empresa y el trabajo de fin de grado. Por otro lado, un gran porcentaje de éstos cursan uno o más másteres, especializándose en alguna de las actividades profesionales, siendo obligatorio si quieren dedicarse a la enseñanza como profesores de Educación Física en secundaria, bachillerato y FP. Sin embargo, en el campo de la educación física y deportiva es frecuente que, cuando habla un/a profesional de este ámbito expresando sus conocimientos científicos o su punto de vista relacionado con algún tema de su profesión, aparezca el típico “Cuñado Experto en Deporte y Entrenamiento”. Efectivamente, alguno se podrá preguntar qué tienen en común una bombera, una electricista, un estudiante de arquitectura, una carnicera, un fisioterapeuta o el vecino del quinto; efectivamente, ninguno es educador físico deportivo, a pesar de lo cual, pueden actuar y considerarse como perfectos “expertos” y saber más de deporte que un titulado universitario en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Cuando los EFD informan o forman sobre algún tema relacionado con su profesión, suelen recurrir a bibliografía científica, tiran de “PubMed” o “Cochrane”, buscan artículos recientes y dilucidan el peso científico que estos pueden tener para que a partir de la evidencia existente puedan construir su argumentación, la cual podrá verse modificada en función de los avances científicos y las estrategias comunes que se planteen desde organismos como la OMS o la UNESCO, un congreso internacional o su colegio profesional, entre otros. Un “cuñado del deporte” no necesita tanta parafernalia para defender su postura, solo necesita haber leído un libro, ver un vídeo en YouTube o haber escuchado a alguien alguna vez en televisión diciendo algo relacionado con la temática del debate que él o ella mantiene con el verdadero profesional y muy difícilmente cambiará de opinión. El “cuñado” no dudará en poner en duda los conocimientos del educador físico deportivo con frases como: “pues no todos los educadores físico deportivos dicen lo que tú”, “pues el otro día un médico dijo en la tele lo contrario”, “mira, mira este vídeo de YouTube que verás que no tienes razón”, “pues siempre se ha entrenado así y nunca ha pasado nada”, “pues yo creo justo lo contrario, porque está demostrado científicamente que…”. Por supuesto el cuñado no tiene por qué acordarse del educador físico deportivo que dice lo contrario, el nombre del médico que dijo otra cosa en televisión, saber en qué se basa el vídeo de YouTube, conocer sobre fisiología del ejercicio o dar las referencias bibliográficas en la que se basa su afirmación de que “está demostrado científicamente lo contrario a lo que tú dices”. De nada valdrán los años de estudio del EFD, su experiencia, su asistencia a congresos, sus publicaciones o, llegado el caso, los premios obtenidos por su rendimiento académico o su trabajo profesional, si alguien dice lo contrario en un programa de televisión. Para ser honrados tendríamos que decir que existen otro tipo de “cuñados”, o mejor dicho, existen los que podríamos denominar padres de los cuñados, los “chamanes” del ejercicio físico. Estos son mucho más peligrosos que los primeros, suelen ser personas con influencia mediática y cuerpo musculado que se atreven a escribir libros del tipo “Cuerpo 10 en tres semanas”, “El método paleo-revolucionario”, “Abdominales perfectos”, etc. Los chamanes tienen en general unas características comunes: venden libros, ofertan cursos y/o tienen canales de Youtube y otras redes sociales dirigidos a un público entregado que se forma para llegar a ser auténticos “cuñados del deporte”.

Para un cuñado un chamán es la máxima autoridad en el mundo del entrenamiento y no necesita saber de mucho más, ¿para qué?, ya lo sabe todo. Un verdadero cuñado defenderá la teoría del chamán como si se tratara de un gurú religioso y no dudará en argumentar que su ídolo es un académico de gran nivel con ocho cursos de nombre rimbombante y que le han aportado gran sabiduría en las doce horas que duró cada uno. Un “cuñado del deporte” es un creyente y puede militar en distintas religiones del entrenamiento y, como todo religioso, no necesita ni de PubMed ni de Cochrane, ni de revisiones sistemáticas ni, por supuesto, de metaanálisis, ya que es de dominio público que eso de las estadísticas es una “pura mentira”. De hecho, es posible que incluso se anime a prestar servicios deportivos con el descaro de la ausencia de rigor científico y, sobre todo, la falta de herramientas pedagógicas para la aplicación deportiva, porque, total, quién se lo impide. En definitiva, los/as educadores/as físico deportivos/as tenemos un duro enemigo al que vencer y al que nos tenemos que enfrentar con mayor frecuencia de lo que lo hace cualquier otra profesión: la ignorancia.

NOTA: Adaptación del artículo ¿QUIÉN ES EL PEOR ENEMIGO DEL DIETISTA-NUTRICIONISTA?: “EL CEDA” de José María Capitán, Dietista-Nutricionista, publicado el 5 de junio de 2018 en el blog Tres manzanas para ti.

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