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Cuando la brújula profesional se ve forzada: por qué la independencia importa (y quién la protege)

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    Consejo COLEF
  • hace 6 minutos
  • 5 Min. de lectura


CUANDO LA BRÚJULA PROFESIONAL SE VE FORZADA: POR QUÉ LA INDEPENDENCIA IMPORTA (Y QUIÉN LA PROTEGE)

La independencia profesional no es un privilegio, sino una garantía para la ciudadanía. Cuando una educadora o educador físico deportivo actúa bajo presiones externas y renuncia a su criterio técnico, se pone en riesgo la salud, la seguridad o la equidad de las personas atendidas. En un contexto donde crece la preocupación por las interferencias en el trabajo profesional, reforzar el papel de los colegios profesionales como garantes éticos y técnicos es esencial para proteger la calidad democrática y el ejercicio digno de las profesiones.

En los últimos tiempos, la sociedad asiste con inquietud a noticias que evidencian cómo algunos profesionales pueden verse empujados a actuar contra su propio criterio técnico. Aunque los detalles varían, el trasfondo común interpela a cualquier persona con vocación de servicio: ¿qué ocurre cuando se exige a una profesional que firme lo que no comparte, que calle lo que debería decir o que avale lo que sabe que es erróneo?


En una democracia basada en derechos, esta pregunta no es menor. La independencia profesional no es una abstracción ética ni un privilegio corporativo: es una garantía para la ciudadanía. Cuando se socava, no solo se daña a quien ejerce la profesión, sino a quienes confían en ella para proteger su salud, su educación, su integridad o su seguridad.



LA INDEPENDENCIA PROFESIONAL: BRÚJULA TÉCNICA Y ÉTICA


Toda profesión cuyo ejercicio afecta directamente a las personas exige un principio innegociable: que las decisiones se tomen con base en el conocimiento y la conciencia profesional, y no en intereses ajenos. Esto es lo que llamamos independencia profesional.


Implica que una profesional pueda decir “no” cuando se le pide alterar un informe, maquillar una evaluación, aceptar presiones para la selección de personal técnico, adaptar un programa a intereses comerciales o aplicar una intervención que sabe inapropiada. Significa poder defender lo correcto aunque resulte incómodo, y anteponer siempre el bienestar de la persona atendida o el interés general.


Esta brújula profesional, hecha de saber, ética y responsabilidad, es la que permite mantener el rumbo cuando soplan vientos contrarios. Sin ella, la profesión pierde su razón de ser.



¿Y QUÉ PASA CUANDO ESA BRÚJULA SE FUERZA O SE APAGA?


Las consecuencias son tan diversas como graves. Una intervención físico-deportiva inadecuada puede agravar una patología; una planificación técnica de un servicio deportivo firmada sin convicción puede derivar en un accidente; una evaluación falseada puede abrir la puerta a malas prácticas o injusticias; una omisión, bajo presión, puede dañar a toda una comunidad.


A veces, estas decisiones son fruto del miedo, la precariedad o la subordinación mal entendida. Pero sus efectos trascienden a la persona profesional: afectan a las vidas de quienes dependen de su honestidad técnica, y deterioran la confianza pública en las instituciones. Cuando la independencia se rompe, los derechos también corren peligro.



LOS COLEGIOS PROFESIONALES: ESTRUCTURAS QUE PROTEGEN LO INVISIBLE


Frente a esta realidad, los colegios profesionales cumplen una función tan poco comprendida como esencial: proteger la independencia técnica de quienes ejercen su profesión al servicio de la sociedad. No se trata de defender intereses corporativos ni de sustituir a los poderes públicos. Se trata de:

  • Garantizar el cumplimiento de un código deontológico común;

  • Apoyar a las y los profesionales que se resisten a presiones externas;

  • Velar por la calidad y seguridad de los servicios prestados a la ciudadanía;

  • Ordenar la profesión de forma autónoma.


En tiempos de incertidumbre y de tensiones entre técnica y poder, la existencia de estructuras colegiales independientes, democráticas y comprometidas con el bien común es más necesaria que nunca. Son un escudo institucional para quienes deciden actuar con honestidad profesional.



¿Y QUÉ HAY DE NUESTRA PROFESIÓN? LA INDEPENDENCIA TAMBIÉN SE JUEGA EN LA CANCHA, EN LA CLASE Y EN EL DESPACHO TÉCNICO


Las educadoras y educadores físico deportivos no somos ajenas a estas tensiones. Al contrario, nuestra profesión está atravesada por decisiones que exigen criterio, responsabilidad y libertad técnica. ¿Cómo se protege nuestra brújula profesional?


  • En la educación física escolar, cuando se nos pide minimizar la carga lectiva, maquillar los resultados o adaptar las actividades a conveniencias organizativas sin justificación pedagógica, se pone en juego nuestra independencia. Actuar según convicción profesional significa priorizar el desarrollo motor, cognitivo y emocional del alumnado, y no ceder ante quien confunde la educación física con un recreo ampliado.

  • En la preparación física, las presiones pueden adoptar muchas formas. En el rendimiento deportivo, pueden aparecer presiones de entrenadores o entornos familiares para acelerar procesos de carga o de retorno a la competición, comprometiendo la seguridad y la planificación racional del entrenamiento. En el ámbito sociosanitario, los riesgos llegan cuando se imponen rutinas no individualizadas o se banaliza la necesidad de supervisión profesional, por parte de entidades que priorizan volumen de personas a las que prestar el servicio frente a la evidencia científica. En la readaptación físico-deportiva, es clave que el profesional pueda tomar decisiones independientes en la progresión de cargas, sin interferencias de clubes, mutuas o personas que exigen retornos anticipados. Y en el trabajo por la inclusión social, es imprescindible actuar sin barreras institucionales o ideológicas que intenten definir qué personas “pueden” o “deben” tener acceso a programas de actividad físico-deportiva personalizada para sus necesidades (drogodependencia, reinserción social, etc.).

  • En la dirección técnica de servicios deportivos, aceptar que se contrate a personal no cualificado, firmar informes o certificaciones que no se ajustan a la realidad, o permitir condiciones que vulneran la normativa puede convertir a la persona responsable en corresponsable de consecuencias graves. La independencia aquí se expresa como capacidad de decisión técnica, coraje institucional y voluntad de defensa del interés público.


En todos los casos, la independencia técnica es el puente que une el conocimiento con el compromiso ético. Ceder ante presiones compromete tanto la eficacia como la equidad y la seguridad del servicio.



REFORZAR A QUIEN PROTEGE LA BRÚJULA: UNA TAREA COLECTIVA


En un momento donde el descrédito de lo técnico amenaza con volverse estructural, no basta con valorar la independencia profesional. Hay que protegerla. Y hay que reforzar a quienes la protegen.


Los colegios profesionales —como el Consejo COLEF y los COLEF/COPLEF autonómicos— no pueden ni deben ser vistos como meros instrumentos administrativos. Son garantes institucionales de la independencia profesional, y eso exige que cuenten con:

  • Reconocimiento legal suficiente para actuar ante interferencias o injerencias.

  • Recursos y respaldo para ofrecer amparo, orientación y defensa a las y los colegiados que se enfrentan a presiones.

  • Participación activa en la regulación profesional y en el establecimiento de estándares de calidad.

  • Presencia en los debates políticos y técnicos donde se definan las condiciones del ejercicio profesional.


Reforzar el papel de los colegios es reforzar la salud de la democracia profesional. Y también es enviar un mensaje claro a quienes ejercen con honestidad: no estáis solas ni solos.



DEFENDER LA INDEPENDENCIA PROFESIONAL ES DEFENDER LA CALIDAD DEMOCRÁTICA


Las personas profesionales que actúan con libertad técnica no lo hacen por rebeldía ni por orgullo: lo hacen porque saben que de su juicio depende el bienestar, el aprendizaje o la seguridad de otras personas. Esa es su responsabilidad, y debe ser también su derecho.


Hoy, cuando la opinión pública asiste perpleja a casos en los que se cuestiona si ciertos informes, decisiones o actuaciones técnicas fueron libres o impuestas, urge recordar que la independencia profesional es un valor colectivo, no un gesto individual. Y que, para garantizarla, hacen falta estructuras —como los colegios profesionales— que actúen con rigor, compromiso y autonomía.


Desde el Consejo COLEF, reafirmamos nuestro papel como garantes de la independencia profesional de las educadoras y educadores físico deportivos. Porque cuando se protege esa independencia, se protege la salud, la educación, la justicia y la dignidad de toda la sociedad.





Cuantas más personas estemos colegiadas, más se escucharán nuestras voces.

Es tu responsabilidad, es tu compromiso con la profesión y la sociedad.

Si todavía no te has colegiado, puedes hacerlo de forma fácil y sencilla a través de la


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