Tu ruta por el patrimonio deportivo de España tiene nuevas paradas este verano
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TU RUTA POR EL PATRIMONIO DEPORTIVO DE ESPAÑA TIENE NUEVAS PARADAS ESTE VERANO
Si este verano buscas una forma diferente de recorrer España, el patrimonio vinculado a la actividad física y el deporte puede convertirse en un excelente compañero de viaje. Durante el último año, nuevas declaraciones e iniciativas de protección han ampliado el mapa de bienes materiales e inmateriales que ya recogimos en nuestro artículo “Patrimonio en movimiento” del pasado año. Descubre nuevas paradas, desde espacios históricos hasta juegos y deportes tradicionales, y aprovecha las vacaciones para conocer un patrimonio vivo que sigue creciendo y que merece ser visitado... o incluso practicado.
El verano es una de las mejores épocas del año para descubrir España de otra manera. Más allá de los grandes monumentos o de los destinos habituales, hay quienes aprovechan las vacaciones para recorrer jardines históricos, visitar pequeños museos locales, acercarse a fiestas populares o descubrir tradiciones que siguen formando parte de la identidad de muchos pueblos. En ese viaje también hay espacio para la actividad física y el deporte, no solo como una forma de disfrutar del tiempo libre, sino también como parte del patrimonio cultural que explica cómo hemos vivido, jugado, competido y transmitido conocimientos durante generaciones.
Con esa idea nació el verano pasado el artículo «Patrimonio en movimiento: una ruta por los bienes materiales e inmateriales vinculados a la actividad físico-deportiva en España», una propuesta para recorrer el país siguiendo un itinerario poco habitual. En él reunimos instalaciones históricas, paisajes deportivos, juegos tradicionales y manifestaciones culturales repartidas por todo el territorio que pueden convertirse en una magnífica excusa para planificar una escapada diferente. Si todavía no lo has leído, este puede ser un buen momento para recuperarlo y utilizarlo como inspiración para tus vacaciones. Y si ya forma parte de tus lecturas pendientes o incluso has visitado alguno de los lugares que proponíamos, hay una buena noticia: durante el último año ese mapa ha seguido creciendo.
Las novedades que se han producido desde entonces no cambian el sentido de aquella ruta, pero sí la amplían. Nuevos bienes han pasado a formar parte del patrimonio protegido y otras manifestaciones han iniciado el camino para conseguirlo. Todas ellas tienen algo en común: muestran que el patrimonio vinculado a la actividad físico-deportiva no es una realidad estática, sino un conjunto vivo que continúa incorporando espacios, prácticas y tradiciones que merecen ser conocidas, conservadas y, en muchos casos, también experimentadas.
UN MAGNÍFICO MOMENTO PARA DESCUBRIR LOS BOLOS TRADICIONALES
Si este verano viajas por Galicia, Aragón, la Región de Murcia o la provincia de Jaén, quizá merezca la pena dedicar unos minutos a descubrir una de las manifestaciones que más protagonismo ha adquirido durante el último año. Aunque solemos hablar de "los bolos" como si fueran un único juego, la realidad es mucho más rica. Cada territorio conserva modalidades propias, con reglas diferentes, materiales específicos, formas de lanzar distintas e incluso espacios de juego que forman parte del paisaje y de la memoria colectiva de sus habitantes.
Esa extraordinaria diversidad ha recibido un importante impulso institucional en los últimos meses. Galicia ha declarado Bien de Interés Cultural el Juego de los Bolos de Galicia; Aragón ha hecho lo propio con el conjunto de sus modalidades tradicionales; la Región de Murcia ha incorporado los Bolos Huertanos a su patrimonio protegido; y Andalucía ha iniciado el procedimiento para reconocer los Bolos Serranos de la provincia de Jaén. No se trata únicamente de preservar un juego antiguo, sino de reconocer que detrás de cada modalidad existe una comunidad que continúa reuniéndose para practicarla, enseñarla y transmitirla.
Para quien viaja, esta es una invitación a ir un paso más allá de la contemplación del patrimonio. En muchos municipios todavía es posible asistir a competiciones locales, visitar espacios donde se explica la historia de estas modalidades o, simplemente, conversar con quienes las mantienen vivas. Probablemente sea una de las formas más sencillas de comprender que el patrimonio inmaterial no se observa desde detrás de una vitrina: se descubre allí donde todavía se practica.
CANARIAS CONTINÚA PROTEGIENDO UNA PARTE ESENCIAL DE SU CULTURA MOTRIZ
Las Islas Canarias vuelven a ser uno de los territorios donde mejor puede apreciarse la estrecha relación entre patrimonio cultural y actividad física. Durante este último año se ha declarado Bien de Interés Cultural el Juego del Garrote Tradicional de Gran Canaria y también el Juego Tradicional del Palo, estilo Quintero, en El Hierro. A estas declaraciones se suma el inicio del procedimiento para proteger el Juego del Palo de Lanzarote, en el estilo transmitido por el maestro Cristín Feo.
Lo verdaderamente interesante es que estas iniciativas no buscan unificar prácticas diferentes bajo una misma denominación. Al contrario, ponen en valor la diversidad existente entre islas, estilos y formas de transmisión, reconociendo que cada comunidad ha conservado conocimientos propios que merecen seguir formando parte de su identidad cultural. Para quien visite el archipiélago durante las vacaciones, puede ser una magnífica oportunidad para acercarse a asociaciones y escuelas que mantienen viva esta tradición y descubrir que se trata de prácticas plenamente actuales, alejadas de la imagen de una simple recreación histórica.
CORRER TAMBIÉN PUEDE FORMAR PARTE DEL PATRIMONIO CULTURAL
Otra de las novedades más llamativas llega desde Aragón, donde se ha iniciado el procedimiento para declarar Bien de Interés Cultural las Carreras Pedestres Tradicionales. Aunque la declaración todavía no es definitiva, el propio expediente refleja una idea que resulta especialmente sugerente: también las formas tradicionales de correr pueden constituir un patrimonio digno de protección cuando forman parte de la historia y de la identidad de una comunidad.
Estas carreras no nacieron como pruebas deportivas modernas, sino como manifestaciones ligadas a fiestas populares, celebraciones religiosas o acontecimientos comunitarios que han mantenido recorridos, reglas y significados propios a lo largo del tiempo. Si finalmente culmina el procedimiento, supondrá un nuevo paso en una tendencia cada vez más evidente: reconocer que el patrimonio cultural también puede estar formado por formas de movimiento que continúan vivas y que siguen transmitiéndose de generación en generación.
UNA PARADA DIFERENTE PARA QUIENES DISFRUTAN DEL PATRIMONIO MATERIAL
No todas las novedades del último año tienen que ver con manifestaciones inmateriales. También hay nuevos espacios que enriquecen el patrimonio vinculado a la actividad físico-deportiva y que pueden convertirse en una visita muy recomendable durante las vacaciones. Es el caso de la Quinta de los Molinos, en Madrid, declarada Bien de Interés Cultural como Conjunto Histórico, una decisión que protege un espacio de extraordinario valor arquitectónico y paisajístico y que incorpora un elemento especialmente interesante para quienes disfrutan descubriendo la historia del deporte.
Entre sus jardines se conserva una pista de tenis construida para el uso privado de la finca durante las primeras décadas del siglo XX. No es un gran estadio ni una instalación asociada a acontecimientos deportivos célebres. Precisamente por eso resulta tan singular. Permite imaginar cómo determinadas prácticas deportivas formaban parte de la vida cotidiana de las antiguas quintas de recreo y cómo estos espacios se integraban con naturalidad en proyectos paisajísticos concebidos para el ocio. Si este verano visitas la Quinta de los Molinos, quizá merezca la pena detenerse unos minutos ante esa pequeña instalación histórica que, hasta hace muy poco, pasaba desapercibida para la mayoría de quienes recorrían el parque.
TRADICIONES QUE SIGUEN FORMANDO PARTE DE LA VIDA COTIDIANA
Entre las incorporaciones de este último año también se encuentra la declaración de la Doma Vaquera en Castilla y León como Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial. Aunque hoy cuenta con una evidente dimensión deportiva, la protección reconoce un conjunto mucho más amplio de conocimientos relacionados con la equitación, la ganadería, los oficios tradicionales y la transmisión de técnicas que han configurado una forma particular de entender la relación entre las personas y el caballo.
Durante los meses de verano muchas localidades celebran concursos, exhibiciones y encuentros donde estas prácticas siguen teniendo un papel protagonista. Acercarse a ellas permite descubrir que el patrimonio no siempre se encuentra en un edificio o en un museo. En numerosas ocasiones continúa formando parte de la vida cotidiana de quienes lo practican y lo transmiten, convirtiendo cada celebración en una oportunidad para conocer tradiciones que siguen plenamente vigentes.
UNA RUTA QUE MERECE ACTUALIZARSE CADA VERANO
Las novedades de este último año confirman que el patrimonio vinculado a la actividad físico-deportiva continúa ampliándose y que las administraciones públicas prestan cada vez más atención a manifestaciones donde el movimiento, el juego, el deporte y la actividad física forman parte esencial de la identidad de un territorio. Sin embargo, estas incorporaciones son solo una pequeña parte de un patrimonio mucho más amplio que lleva décadas esperando a ser descubierto por quienes viajan con curiosidad.
Por eso, si estás organizando tus vacaciones, te animamos a recuperar «Patrimonio en movimiento: una ruta por los bienes materiales e inmateriales vincululados a la actividad físico-deportiva en España» y utilizarlo como una guía complementaria para planificar tus próximas escapadas. Quizá encuentres un frontón histórico que no conocías, una instalación deportiva centenaria, una exhibición de Juego del Garrote, una competición de bolos tradicionales o una fiesta popular donde todavía se conservan prácticas transmitidas durante generaciones. Al fin y al cabo, viajar también puede consistir en descubrir cómo la actividad física y deportiva ha contribuido a construir la historia y la identidad cultural de los lugares que visitamos.
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